El gran río de la humanidad (I)

El gran río de la humanidad (I)
"Puse la vista en el río y vi correr mi destino" (Proverbio Sumerio. 2.500 a.C.)

La Historia de la Humanidad es una historia de camino. Sí, es una larguísima peregrinación que se extiende desde la cuna africana hasta todos los rincones del mundo. De hecho, nos levantamos sobre dos piernas precisamente para eso: Para poder mirar más allá del horizonte mientras seguíamos andando.

Quizá muchos de ustedes estarán pensando que ya no andamos, que estamos sentados sobre nuestras ciudades y sobre nuestros países inventados. Pero eso no es verdad. Porque llevamos “sentados” tan sólo unos 8000 años; y andando casi 500.000… ¿Quién se atreve a asegurar que tras un brevísimo paréntesis de apenas unos pocos milenios no nos volveremos a poner en camino?

¿Y durante esos larguísimos miles de años de andanzas qué buscábamos? ¿La caza, el calor, las llanuras, las tierras cargadas de frutos silvestres, las regiones sin depredadores? Sí; buscábamos todo eso. Pero lo principal, lo que más queríamos encontrar era el agua. Éramos el gran río de la familia humana buscando los ríos del agua de la vida.

Hace unos 50.000 ya habíamos recorrido y explorado toda la tierra. Y empezamos a pensar en sentar cabeza. Así nacieron los primeros asentamientos humanos junto a las riberas de los ríos de todo el planeta. Pero aún éramos muy nómadas y seguíamos soñando con seguir viajando. Cuando acabábamos con los recursos naturales de una región, levantábamos de nuevo el vuelo y dejábamos que la zona volviera a recuperarse de nuestro paso. Porque la tierra no era posesión nuestra ni de nadie. Y nosotros éramos cazadores y recolectores que tomábamos de la Madre Tierra lo que ella nos quería dar. No había un “mañana” sino un “ahora”, un presente continuo que nos hacía preocuparnos sólo del día a día y no del futuro. Por eso éramos felices y no había psicólogos. Así de sencillo ¿Y dónde iban los que morían? Indudablemente, se marchaban de viaje por el río, más allá del horizonte.

Pero hace unos 8000 años esto cambió. El hombre se desperezaba del Paleolítico y se asentaba junto a los dulces cauces de los ríos y descubría por azar que las semillas de los frutos que recolectaba crecían si se caían junto al agua. Había nacido la Agricultura y con ella el Neolítico, una revolución muchísimo más poderosa que internet o el móvil. Pronto vinieron la domesticación de animales salvajes, la ganadería, la rueda, las casas de obra, los pueblos, los primeros muros defensivos, los primeros transportes, los primeros barcos, los intercambios, el comercio… Y las primeras civilizaciones humanas. Si preguntáramos a los prehistoriadores, arqueólogos, historiadores, filósofos, antropólogos, sociólogos, teólogos y demás estudiosos el por qué se formó la primera civilización, cada uno daría respuestas muy bien estudiadas y argumentadas basadas en sus respectivas ciencias y disciplinas. Pero si le preguntáramos a un agricultor cualquiera, posiblemente diría: “Hombre, porque descubrimos que regando podíamos tener alimentos siempre”  Y tiene razón. Porque las casas, los poblados, los muros, los transportes y todas las demás cosas surgieron alrededor de los campos agrícolas.

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